La ilusión de un niño, el cuerpo de un adulto.

La ilusión de un niño, el cuerpo de un adulto.

¡Feliz Día de Reyes! Hoy es una fecha señalada en España y esperada por muchos niños y adultos. Como en Navidad todas las familias se reúnen para celebrar y disfrutar juntos. Pero hoy os quiero hablar de cómo lo vive mi hermano pequeño.

Tengo un hermano con Síndrome de Down que se llama Karim, es una de las personas más importantes de mi vida y me ha enseñado muchísimas cosas, entre ellas lo que es el amor incondicional.

Cuando era una niña recuerdo haber vivido estas fechas con mucha ilusión y disfrutaba planeando qué iba a regalar y qué regalos quería recibir. Karim, desde que acababa el verano tenía en su mente fijada que la siguiente festividad era la Navidad y cuando llegaba Diciembre se preocupaba de hacer su lista de regalos (una para Navidad y otra para Reyes of course).

Me encantaba verlo tan contento y feliz y te contagiaba esa emoción durante todo el mes prácticamente.

Pero ahora que me he ido haciendo mayor, ya las Navidades no son lo mismo. Ya no vivo en casa, y todos nos hemos hecho mayores. Ya no hay niños en casa, y quiera que no; se nota.

Karim tiene 28 años y obviamente no quiere que le digas que es como un niño. Él te dice que ya es un “joven” o un “adulto”. Ya piensa en chicas, es más serio y mucho más independiente.

Pero es llegar Navidad y Reyes…y aunque no quiera vuelve a ser el niño de siempre. Nunca ha entendido eso de la calidad vs la cantidad, a él le encanta ver que tiene muuuuuchos regalos. La expectación de coger el regalo y adivinar qué es, el romper el papel, la sorpresa…es casi como un momento de show para él.

A veces incluso habiéndose comprado el regalo con él, siendo consciente de qué es lo que se le va a regalar, sigue haciendo el mismo teatro, la misma fiesta y lo vive con la misma ilusión que cuando era pequeño.

Si hasta ha habido veces que él mismo coge sus propias cosas, se las autoenvuelve en papel de regalo, las coloca en el montón de regalos y luego los abre con toda la expectación.

Con cada regalo ocurre siempre el mismo ritual:

– Coge el regalo con toda la cara de emoción.

– Suelta una risilla de ilusión y al mismo tiempo de malicia.

– Te mira.

– Empieza a romper el papel canturreando “¿A ver qué será?

– Saca el regalo, se emociona, se ríe.

– Se acerca a ti, te da un abrazo o dos besos y te da las gracias mientras se ríe y hace una fiesta para sí mismo.

Y así sucesivamente, da igual que sean unos calzoncillos, un cuaderno del chino que un portátil. Para él todos los regalos tienen el mismo valor. Todos son igual de importantes.

Este año no ha sido diferente. Hemos llegado a la casa y allí estaba él, recibiéndonos con una sonrisa de oreja a oreja. Estaba especialmente amoroso, se le notaba feliz. Esperando pacientemente el momento de darnos los regalos. Y este año estaba de suerte, se ha llevado un montonazo de regalos. Así que sí, os lo podéis imaginar más feliz que una perdiz.

¿Conclusión?

Quiero seguir siendo como tú, Karim.

Gracias por enseñarme que da igual la edad, lo importante es cómo decides vivirlo tú.

 

Photo by Ben White on Unsplash

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